Breves palabras sobre nuestra identidad visual como provocación para una mirada detallada a la cultura quilombola del meio-oeste catarinense
Cuando pensamos en la identidad visual de esta edición de la muestra, consideramos la riqueza y la importancia de la visualidad que compone la cultura y la formación de la historia de los quilombos de la región del Contestado. Partimos del collage creado por la artista Kika Chmura para la segunda edición, agregamos íconos que representan a las comunidades quilombolas y adaptamos las imágenes con aspectos más gráficos. Bajo la consultoría de la Comisión Quilombola de Curaduría, de Vanda Pinedo, de la profesora Luana Fadani y de la investigación de una de nuestras productoras, Pâmela Enmerich, iniciamos este diálogo y el proceso de los cambios necesarios para la nueva identidad. La diseñadora Magalhãez fue quien reunió todas las ideas y las tradujo en la identidad final que pueden ver en nuestras piezas gráficas, redes y en el sitio.
En las imágenes de abajo, encontrarás algunos significados de los elementos que están presentes en la identidad visual de este año.

La mujer que lleva el nombre de la muestra es Chica Pelega; en esta edición representa a la población quilombola. La existencia de Chica es, históricamente, posterior a la formación de los quilombos, y lo que aproxima esos dos acontecimientos es la lucha por la tierra, la paz y la libertad. La joven líder, con nombre de Francisca Roberta, defendió a su pueblo y su tierra en una de las mayores disputas de territorio del país, el conflicto del Contestado, y permanece en la historia como una leyenda, de la cual no se tiene registro de cómo era su apariencia, lo que nos permite imaginarla de diferentes maneras a partir de su personalidad llena de fuerza, determinación y coraje.
En esta representación, ella sostiene una calabaza o porongo, ítem con diversos usos para la población quilombola. La calabaza es un fruto que trae en sí utilidades cotidianas, en ceremonias religiosas, en el arte, en la música, y puede sorprendernos siempre con sus múltiples usos y sentidos. Son parte de un universo amplio de prácticas y tradiciones culturales de la población quilombola y también indígena, con su origen apuntado hacia África¹.
Podemos citar algunos de los usos como recipiente para líquidos, cuencos, escudillas, en la fabricación de instrumentos musicales como atabaques, maracas, cascabeles, xequerês, berimbaus, entre muchos otros. En la región del Contestado, así como en todo el sur de nuestro país, la calabaza se pasa de mano en mano en forma de mate (cuia) donde carga el chimarrão, bebida a base de yerba mate, una herencia indígena tan popular y consumida por todos que muchas personas no tienen la menor idea de su origen o del hábito de uso.
Si la naturaleza, como sugirió el antropólogo Claude Lévi-Strauss, constituye una fuente innegable de recursos materiales, así como un objeto de pensamiento que se presta a las más ricas posibilidades, entonces la calabaza, en sus varias formas de ocurrencia en el territorio brasileño, es, sin duda, un fruto bueno para usar, pero también para pensar.²


Una pulsera de lágrimas de la Virgen (lágrima-de-nossa-senhora) adorna la muñeca de la mujer, planta que lleva otros nombres también: capim-de-contas, contas-de-rosário, lágrima-de-jó, capim-rosário, capim-missanga, capiá, biurá, biuri… Muy popular entre quilombolas, indígenas y población rural, se utiliza de diversas formas. En la medicina nativa y ancestral se usa desde el tallo hasta sus frutos, que también pueden ser alimento, en forma de una harina nutritiva para la preparación de panes, galletas y también otros platos como sopas y papillas. La forma más conocida de los frutos/semillas es en la confección de rosarios, adornos como pulseras, brazaletes, collares, objetos de arte e instrumentos musicales.
La tierra que ocupa la imagen de punta a punta es la razón de todo. Es por ella que la lucha se hizo y todavía ocurre; ella es camino para la emancipación de las personas y para la transformación social. Quilombolas, indígenas, inmigrantes y remanentes del conflicto del Contestado comparten, en sus debidas proporciones, la lucha por el reconocimiento del territorio que hace mucho habitan.


Firmes araucarias se yerguen imponentes e inconfundibles sobre las montañas. Con cerca de 200 millones de años, puede pasar de 50 metros de altura y su corteza puede llegar hasta 18 centímetros de espesor. En Brasil, se encuentra mayoritariamente en la región sur, siendo a lo largo de los años una fuente esencial de cultura y alimento para pueblos originarios y quilombolas. Sus hojas y cortezas se utilizan en rituales y prácticas de la medicina natural, mientras que sus semillas comestibles, los piñones, son alimento nutritivo para personas y animales. Es preciso señalar que este árbol legendario ocupa actualmente el 3% de su área original y corre riesgo de ser extinto como resultado de la ignorancia humana hasta 2070³. Conocida como árbol de la época de los dinosaurios o árbol fósil, la araucaria sin duda simboliza la cultura quilombola de la región del Contestado por su resistencia, fuerza y relevancia.
Otros elementos fueron usados de apoyo en la composición de piezas para la muestra. El primero de ellos es la piña (pinha). La araucaria no tiene fruta; produce la piña, que puede pesar hasta un poco más de tres kilos, que guarda dentro de sí hasta 100 semillas de piñón, alimento esencial en la culinaria ancestral quilombola e indígena del meio-oeste catarinense. Algunas de las preparaciones del piñón son: en sopas, asado en la plancha, como entrevero (donde se mezcla con carnes y se prepara en disco de arado), cocido en agua o en la famosa paçoca de piñón, antiguamente machacada en el pilão (mortero). Los pilões de esta región, predominantes en las comunidades quilombolas antiguas y actuales y también en los pueblos originarios, se hacen, generalmente, a partir del tronco de árboles, usados con la finalidad de moler, mezclar y descascarar alimentos y recordarnos la subsistencia y la práctica alimentaria rica y ancestral.


El cesto está hecho de bambú taquara, una especie nativa exclusiva de América del Sur; se trenza artesanalmente y tiene las más variadas utilidades posibles. El bambú taquara se usa en otras artes también como materia prima para la fabricación de herramientas de trabajo e incluso como estructura en la construcción de casas por las comunidades quilombolas y pueblos indígenas.
Por fin, el objetivo de la identidad visual es diseminar y valorar la cultura quilombola para que la región del meio-oeste catarinense comprenda que la lucha quilombola por la tierra y por la existencia es de todas las personas. ¡Cuéntanos qué te pareció la identidad visual de la 3ª Muestra de Cine Chica Pelega – edición quilombola!
